Hay sagas que envejecen con dignidad, adaptándose con sutileza al paso del tiempo. Y luego están aquellas que, tras años de éxito, entran en una fase de letargo cuidadosamente administrado. Los Sims parece haberse instalado en esta segunda categoría. En su última comunicación oficial, Electronic Arts ha compartido una actualización sobre el futuro de la franquicia. Lo ha hecho apelando a sus valores fundacionales, como la creatividad o la inclusión, pero evitando cuidadosamente abordar lo que gran parte de los jugadores considera la pregunta clave: ¿habrá un Los Sims 5?
El mensaje comienza con una declaración de principios que, en otro contexto, podría entenderse como un gesto valiente. Se insiste en que Los Sims sigue siendo un espacio abierto a todas las identidades, a la expresión libre, al humor y al caos doméstico controlado. Pero tras ese barniz amable se esconde una realidad mucho más pragmática: EA no tiene, o no quiere compartir, una hoja de ruta clara sobre el futuro real de su saga más popular. La comunicación se estructura en torno a generalidades que suenan bien, pero dicen poco.
Donde sí se concreta algo es en la estrategia de diversificación. EA afirma estar trabajando en una «familia» de nuevas experiencias relacionadas con Los Sims, pensadas para PC, consola y móvil. Pero más que una ampliación del universo, lo que transmite esta propuesta es la fragmentación de un modelo que, hasta ahora, funcionaba como un todo coherente. Cada nueva entrega tendrá su enfoque particular, su público objetivo y, previsiblemente, su propio sistema de monetización. El riesgo es evidente: la pérdida de una visión unificada que mantenga el espíritu original de la saga.
Mientras tanto, Los Sims 4 continúa como eje central de esta arquitectura dispersa. Un juego que salió en 2014 y que ha vivido durante más de una década a base de paquetes de contenido y expansiones de pago. EA se compromete a seguir actualizándolo, e incluso afirma que más de la mitad de su equipo global está centrado en esta versión y su “evolución”. Pero no hay ningún anuncio concreto sobre una nueva entrega principal. El ciclo recuerda al de SimCity, otra franquicia mítica que acabó perdiendo fuerza tras años de decisiones erráticas y modelos de explotación que desdibujaron su esencia.
La gran sorpresa —aunque para muchos, más bien una decepción— ha sido la confirmación de que Project Rene, inicialmente interpretado como la futura quinta entrega, será en realidad un juego móvil con funciones multijugador y colaborativas. No será un sustituto de Los Sims 4, ni una continuación directa de la serie principal, sino un proyecto paralelo. Su enfoque se centra en compartir creatividad con otros jugadores en tiempo real, algo que choca frontalmente con la experiencia introspectiva y pausada que siempre ha definido a la franquicia. El mensaje es claro: Project Rene no es Los Sims 5.
EA también menciona que continuará realizando pruebas de mercado y prototipos bajo el paraguas de The Sims Labs, con títulos tentativos como Life Together o Town Stories. Son propuestas experimentales, sin garantías de futuro, que se presentan como parte de un proceso colaborativo con los jugadores. Pero en realidad refuerzan la idea de que Los Sims atraviesa una etapa sin dirección clara. Muchos proyectos, muchas pruebas, pero ninguna apuesta firme. Todo parece moverse… sin avanzar.
Es difícil no ver en esta estrategia un patrón conocido. Mientras se multiplican las pruebas y las líneas de desarrollo, la base de usuarios de Los Sims 4 sigue siendo rentable gracias a su catálogo de DLC, y los móviles ofrecen nuevas vías de negocio. EA ha optado por mantener el statu quo, estirando al máximo el modelo actual y lanzando spin-offs móviles en lugar de dar el paso hacia una nueva entrega completa. Es una fórmula que prioriza la rentabilidad inmediata frente a la evolución natural de una saga que, por historia y comunidad, merece mucho más.
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