¿Sabes cuánto cuesta cada puerto HDMI de tu gráfica?

En una época en la que las tarjetas gráficas se valoran casi exclusivamente por sus benchmarks y especificaciones de memoria, resulta revelador detenerse a pensar en los detalles que nunca aparecen en una tabla de características. Cada puerto, cada tornillo, cada componente tiene un precio, y algunos de esos costes son tan invisibles como inevitables. El HDMI, omnipresente en cualquier GPU, es uno de esos elementos silenciosos que rara vez se cuestionan, pero cuyo impacto en la estructura de costes de una gráfica puede ser mayor de lo que imaginamos.

Durante una visita de Gamers Nexus a las instalaciones del fabricante Sparkle, centrada en su línea de tarjetas gráficas Intel Arc, uno de sus ingenieros desveló un dato poco habitual: cada puerto HDMI cuesta, aproximadamente, un dólar. Pero lo más interesante no es la cifra, sino su desglose. La mayor parte de ese coste no se debe al conector ni a los componentes físicos, sino a la propia licencia del estándar HDMI. En otras palabras, lo que encarece el puerto no es tanto construirlo, sino tener el derecho legal a incluirlo.

Este dólar inicial, sin embargo, solo marca el punto de partida. En producción a volumen, y según explica el mismo portavoz, una salida de vídeo puede elevar su coste entre uno y tres dólares más en función de los componentes de protección o del tipo de señal que deba gestionar. Si además se quiere alcanzar la especificación completa de HDMI 2.1 con modo FRL (Fixed Rate Link), es necesario incluir hardware adicional en la propia PCB, lo que puede aumentar aún más el coste por salida. Todo esto implica que un único puerto HDMI puede llegar a costar más que otros componentes funcionales de la tarjeta.

La comparación con DisplayPort resulta inevitable. En estas mismas tarjetas Arc, Sparkle utiliza salidas DisplayPort 2.0 que, según sus técnicos, son claramente más baratas de implementar. La razón principal es la ausencia de licencias impuestas por el consorcio que gestiona HDMI. En modelos sencillos como las Arc 3, el coste acumulado de los puertos HDMI puede llegar a los cuatro dólares por tarjeta, una cantidad nada trivial cuando se trabaja con presupuestos ajustados o productos de gama media.

Este desequilibrio se acentúa aún más al observar el lento avance de los estándares. HDMI 2.2, que eleva el ancho de banda hasta los 96 Gbps, apenas ha salido del papel. No hay todavía tarjetas gráficas ni monitores que lo soporten de forma efectiva, y mucho menos cables accesibles que lo hagan viable. Mientras tanto, DisplayPort 2.1 ya tiene presencia en el mercado, lo que invita a preguntarse si no sería más lógico —o al menos más económico— que los fabricantes centraran sus esfuerzos en impulsar este estándar en lugar de seguir arrastrando los costes que impone HDMI.

A veces, lo más caro de un producto no es lo que más se nota. El usuario final rara vez se pregunta cuánto cuesta cada salida de vídeo de su tarjeta gráfica, pero esos pequeños costes, multiplicados por millones de unidades, pueden cambiar decisiones de diseño, afectar al precio final o condicionar qué puertos se incluyen y cuáles no. No todo en una GPU son núcleos y frecuencias: a veces, el detalle más anodino tiene más peso del que aparenta.

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